Bonita terraza y poco más

La terraza de Viancco tiene unas vistas esplendidas, sillas cómodas, muy agradable, lástima que te pongan Kiss.tv para amenizar la velada.

La comida bastante regular, lo que pedimos para dos personas:
- Pizza, en la que el queso más parecia un engrudo que otra cosa.
- Ensalada Cesar, no estaba mal del todo, lechuga iceberg y anchoas enteras no incorporadas a la salsa, pero pasable.
- Escalope milanesa, durillo pero igualmente pasable.
- Una botella de vino blanco, del monton (16 eruos).

En total nos salio la cena por 70 euros. Juzguen ustedes mismos.

El servicio muy poco profesional, desde que nos tomaron nota hasta que trajeron el vino pasaron 15 minutos, menos mal que teniamos vistas.

Arola y la transparencia

Vaya por delante que lo que contamos en esta entrada es una bobada,  pero Leer más »

Harchett, un sitio curioso en Madrid

Este extraño “negocio” ocupa el local en el que antes estaba Gut’s Fusión, sitio en el que a pesar de su infausto nombre se comía muy bien. Harchett (sic) tampoco ha conseguido acertar con la nomenclatura, y ahí se acaban las coincidencias. Se me ha ocurrido entrar a probarlo más que nada por curiosidad, porque realmente el sitio tiene la “decoración” más insólita que imaginarse pueda. El rojo furioso de la fachada se combina con unos vinilos extrañísimos que también acompañan en el interior, una cosa que verdaderamente merece ser vista y contada. Yo desde luego he corrido a hacerlo. Es un sitio absolutamente inclasificable, único de su especie,  con una carta aún más rara (y cara) que la decoración, basada en raciones, hamburguesas, pizzas, platos tradicionales (creo haber leído que tienen ¡¡¡cocochas al pil pil!!!) y no sé cuantas cosas más. Un mix  de producto demencial. ¿A quién se le puede haber ocurrido una cosa así? ¿Tal vez una conjunción (desafortunadísima) de coincidencias imposibles capaces de construir tamaño engendro? ¿Alguien con un sentido del humor perverso y desviado?  Me encantaría saberlo.

He tomado una hamburguesa deplorable, pero me ha dado igual. Restaurantes birrias hay cientos, pero esto es otra cosa. Distinta liga. En cuanto al personal sólo puedo decir que es no desmerece, sino todo lo contario, al resto del paisaje.  Lo dejo ahí.  Ahora que pienso en ello, desde que mi retina ha captado el primer fogonazo rojo hasta que me he encontrado a un par de manzanas he experimentado  un estado de shock muy raro.   Ya sé que todo esto no tiene ningún sentido y que como descripción de un restaurante es una mierda, pero es que es un sitio raro, raro, raro. No sé, volveré a ver si consigo aclarar mis ideas, pero desde luego recomiendo encarecidamente que se vaya a conocerlo porque es una experiencia que sólo puede compararse con la ingesta masiva de psicotrópicos experimentales, y no creo que vaya a estar mucho tiempo abierto. Claro que a lo mejor han dado con la piedra filosofal. En estos tiempos, cualquier cosa es posible.  Brutal. Im presionante.

Tomadura de pelo

Si quieres que te tomen el pelo con la cuenta ve a este restaurante, el señor del Rolex de oro cobra lo que le da la gana, nunca ves los precios de los platos, y su especialidad, huevos fritos con patatas y angulas los cobra al precio del kilo de las susodichas

La calidad de El Oso

He ido un par de veces a este local y siempre salgo con ganas de volver. Da igual lo que pidas, la calidad de la materia prima es increible. Los platos suelen ser sencillos pero sabes que pidas lo que pidas, estará exquisito. Recomiendo el pitxín (rape), siempre lo pido y no lo he comido en otro sitio igual. Increible