Tanta, low cost peruano

Restaurante TartánTanta es el nuevo proyecto de Gastón Acurio (y de sus socios locales, los hermanos Aramburu) en Madrid, y la consecuencia lógica del éxito de la versión castiza de Astrid & Gastón, a su vez prueba fetén del interés que por estos pagos suscita la gastronomía Leer más »

Arola y la transparencia

Vaya por delante que lo que contamos en esta entrada es una bobada,  pero Leer más »

Peggy Sue’s, vaya desastre

Que hamburguesas más regularcitas tomamos en este sitio…. Me habían dicho que no estaba mal pero fue un desastre de cena. Para empezar cuando llegamos nos dijeron que al ser turnos, solo teníamos una hora para cenar (turnos de una hora, increible). Si te retrasas ya te advierten de que postre es difícil que tomes y si alguien no ha llegado, ni te molestes en pedir….nunca he visto una cosa igual. Terminamos tomando los postres en un parque. No repito ni aunque me paguen

Zaranda D.E.P.

El estupendo Zaranda, uno de los grandes restaurantes madrileños, poseedor de Leer más »

Casa Hortensia, borrado de la lista

Con cierta pena hemos decidido no volver jamás a Casa Hortensia para no tener que aguantar de nuevo las formas intolerables del personal y muy especialmente del que parece ser el patrón del restaurante. La verdad es que es una lástima, porque Casa Hortensia es un sitio que merecería la pena, por su buena cocina tradicional y sus precios ajustados, y si no fuera por los elementos mencionados y sus modales tabernarios que consiguieron hacer de nuestra última visita una pesadilla que no se repetirá, afortunadamente. La cosa empezó nada más llegar: a pesar de realizar la reserva con mención explícita de que acudiríamos con niños pequeños y un carrito, en cuanto nos vieron aparecer empezaron los problemas y las pegas, alegando que si se va con niños y carrito había que avisar. Peregrinaje por distintas mesas, a cada cuál peor que la anterior, suponemos que buscando asignarnos el rincón más desagradable, una difícil elección en Casa Hortensia, restaurantes  feo y caótico donde los haya. Mucho hubo que insistir para que comprobaran la reserva en la que, efectivamente, figuraba la mención al carrito de las narices y a los angelitos que siempre nos acompañan. ¿Arreglado el equívoco? ¿Disculpas y aquí no ha pasado nada? No es el estilo del patrón, no.  Lo que hasta entonces había sido el mero trato descortés de un maleducado pasó a ser casi agresivo, chulesco y faltón. Íbamos a comer porque no nos podía echar vino a decir. Veinte minutos después de llegar conseguimos sentarnos en una mesa, más que nada porque a esas horas, todos los que éramos y en el centro de Madrid, no íbamos a encontrar otro sitio para comer. A lo largo del almuerzo, el trato de los camareros fue desagradable y muy poco profesional, con constantes olvidos, retrasos y equivocaciones, justo lo contrario de todas las veces anteriores (unas cuantas) en las que habíamos comido en el restaurante. Si pretendían hacernos pasar un mal rato la verdad es que lo consiguieron. Y por el mismo precio han perdido como clientes a los componentes de tres familias con unas ganas locas de buscar prosélitos para la causa, como se puede apreciar. Al que vaya a Casa Hortensia le deseamos suerte.