Peggy Sue’s, vaya desastre

Que hamburguesas más regularcitas tomamos en este sitio…. Me habían dicho que no estaba mal pero fue un desastre de cena. Para empezar cuando llegamos nos dijeron que al ser turnos, solo teníamos una hora para cenar (turnos de una hora, increible). Si te retrasas ya te advierten de que postre es difícil que tomes y si alguien no ha llegado, ni te molestes en pedir….nunca he visto una cosa igual. Terminamos tomando los postres en un parque. No repito ni aunque me paguen

Casa Hortensia, borrado de la lista

Con cierta pena hemos decidido no volver jamás a Casa Hortensia para no tener que aguantar de nuevo las formas intolerables del personal y muy especialmente del que parece ser el patrón del restaurante. La verdad es que es una lástima, porque Casa Hortensia es un sitio que merecería la pena, por su buena cocina tradicional y sus precios ajustados, y si no fuera por los elementos mencionados y sus modales tabernarios que consiguieron hacer de nuestra última visita una pesadilla que no se repetirá, afortunadamente. La cosa empezó nada más llegar: a pesar de realizar la reserva con mención explícita de que acudiríamos con niños pequeños y un carrito, en cuanto nos vieron aparecer empezaron los problemas y las pegas, alegando que si se va con niños y carrito había que avisar. Peregrinaje por distintas mesas, a cada cuál peor que la anterior, suponemos que buscando asignarnos el rincón más desagradable, una difícil elección en Casa Hortensia, restaurantes  feo y caótico donde los haya. Mucho hubo que insistir para que comprobaran la reserva en la que, efectivamente, figuraba la mención al carrito de las narices y a los angelitos que siempre nos acompañan. ¿Arreglado el equívoco? ¿Disculpas y aquí no ha pasado nada? No es el estilo del patrón, no.  Lo que hasta entonces había sido el mero trato descortés de un maleducado pasó a ser casi agresivo, chulesco y faltón. Íbamos a comer porque no nos podía echar vino a decir. Veinte minutos después de llegar conseguimos sentarnos en una mesa, más que nada porque a esas horas, todos los que éramos y en el centro de Madrid, no íbamos a encontrar otro sitio para comer. A lo largo del almuerzo, el trato de los camareros fue desagradable y muy poco profesional, con constantes olvidos, retrasos y equivocaciones, justo lo contrario de todas las veces anteriores (unas cuantas) en las que habíamos comido en el restaurante. Si pretendían hacernos pasar un mal rato la verdad es que lo consiguieron. Y por el mismo precio han perdido como clientes a los componentes de tres familias con unas ganas locas de buscar prosélitos para la causa, como se puede apreciar. Al que vaya a Casa Hortensia le deseamos suerte.

Kai Japanese, un buen desembarco en Chueca

Ante el gran aluvión de japos que han aterrizado en la capital nos encontramos con todo tipo de opiniones, en mi última vista he salido realmente satisfecha en cuanto al mundo nipón se refiere. El local es muy llamativo tanto por el colorido como por la iluminación, dando sensación de alegre y amplio. El servicio intentado ayudar en todo momento y muy atento. A la vista el cocinero en una barra mínima que deja la opción de poder visualizar con que gran soltura va desarrollando la gastronomía oriental. Ya metidos en faena me resultaria dificil destacar algún plato pero si resaltaría unos cuantos que destacaron tanto por su calidad como por su presentación: Tataki de atún con sesamo tostado y una grata sensación en la boca al mezclarlo con el wasabi y la salsa de soja. Combinado de sushis y niguiri ( moriwase mix) , con pescados como el atún rojo, salmón, langostinos y pez limón una autentica maravilla. como colofón tomamos un futomaki de atun crujiente que realmente fue el plato estrella de la carta. Nos quedamos con ganas de probar varios platos asi que no queda más remedio que volver a tan agradable local. Enhorabuena.

Zara y sus daikiris

Como restaurante no vale mucho, pero en lo que Zara es insuperable es en los daikiris, de fresa, plátano o limón, estos últimos los mejores. Cocina “cubana” sencilla: pollo frito, arroz, frijoles, nada del otro barrio. Atiende la dueña, muy simpática, y su marido, sufridor de la simpatía de su mujer. Un sitio gracioso para ir de vez en cuando con amigos o si tienes un interés especial en emborrachar a alguien en concreto.

Mad Rest Week

Como ya sabemos todos, no está el horno para bollos, los restaurantes se las Leer más »