Bastante desagradable
Horrorosa la iluminación hasta hacerse desagrdable, el sushi y los makis malos de solemnidad, la sopa, fría y los noodles pasados, un montón de orientales despistados y de mala leche, la cinta que debería llevar los platos se atasca, los precios caros para lo que se come, y como yo no quería ir no me quedó más remedio que soltar el “yo lo avisé” con lo que la compaña me miró con caras de perro pero no pudieron decir nada. Mejor el mcdonald´s que está al lado
Un japo muy especial
La apertura de este local en la calle Viriato va a ser un gran referente de la cocina nipona en la capital. Pedro Espina su propietario inicio su época en la hostelería con el Tsunami.Con el tiempo ha decidido montar este pequeño restaurante en el barrio de Chamberí. Tiene un menú degustación con ocho o diez platos, pero decidimos directamente seleccionar según lo que nos habían recomendado. El tartare de atún es espectacular, la calidad de los pescados son excelentes¡¡¡. Los niguiris que elegimos de pez mantequilla y de anchoa exquisitos con un arroz en su punto y una presentación fantástica. Los crunchy rolls y los sushis imposible decidirse por cual estaba mejor, asi que como conclusión nada mejor que acercarse para disfrutar de un gran templo de la cocina nipona en la capital y que esta en constante renovación de las tradiciones gastronómicas del país.
El secreto de Pedro Espina
El restaurante de Pedro Espina se llama Soy, y es, en mi modesta opinión, el mejor japo de Madrid. Ni Kabukis ni gaitas, definitivamente Soy. Está escondido, literalmente, en la calle Viriato, casi esquina con Modesto Lafuente. Sin rótulo que lo identifique, es muy fácil pasar por delante sin encontrarlo. La decoración es de un minimalismo sin concesiones: el comedor es una caja de madera sin atributos, con apenas ocho mesas y una barra. Supongo que la idea es no restar protagonismo a lo verdaderamente importante, y desde luego lo han conseguido. Toda la contención en el continente se troca en desparrame cuándo empiezas con lo mollar, en mi caso un soberbio menú degustación que me ha dejado trastornado y con ganas de volver cuanto antes. Estoy recordando un sublime tartare de atún rojo con wasabi, con un huevo pequeñín (supongo que de codorniz) y un poquito de caviar que es para perder el sentido. El tartare de vieiras quita el hipo, el sushi es para ganar para la causa al más recalcitrante enemigo del pescado crudo, tempura de ciencia ficción, y todo así. Una fiesta. Lástima que el servicio de sala ande bastante despistado y no tengan ni pi de los vinos que vende (la carta de vinos es deficiente, las cosas como son), pero ni aún bebiendo vinagre sería posible borrar el recuerdo de una cocina sobresaliente que merece ser conocida, a pesar de los esfuerzos del propietario. No sé si me he explicado bien, así que resumo: si te gusta la cocina japonesa, éste es el Templo.
Oishii Sushi Ramen, de otra pasta
Aunque la crisis está cebándose especialmente con el sector hostelero madrileño y la sangre hace ya tiempo que llegó al río en forma de súbitos cierres, ajustes de personal u ofertas que no se puede rechazar, parece que algunos brotes verdes sí se observan. Será porque a todo se acostumbra uno Leer más »
Aprender en Sushiwakka
Unas breves líneas para avisar a los aficionados a la cocina japonesa Leer más »