La terraza más agradable de Pozuelo
La terraza es grande, fresquita, junto a un parque donde los niños se divierten mucho subiendo por las cuerdas de la teladearaña tipo Spiderman.
El servicio es rápido y profesional.
Cocina gallega sin pretensiones (es un merendeiro) pero buena. Recomiendo el pulpo a feira (aunque unos días está más blando que otros) y la tortilla de Betanzos, tan poco cuajada que la sirves con una paleta.
Me han hablado del karaoke de los sábados a partir de medianoche, dicen que es divertidísimo
Bonita terraza y poco más
La terraza de Viancco tiene unas vistas esplendidas, sillas cómodas, muy agradable, lástima que te pongan Kiss.tv para amenizar la velada.
La comida bastante regular, lo que pedimos para dos personas:
- Pizza, en la que el queso más parecia un engrudo que otra cosa.
- Ensalada Cesar, no estaba mal del todo, lechuga iceberg y anchoas enteras no incorporadas a la salsa, pero pasable.
- Escalope milanesa, durillo pero igualmente pasable.
- Una botella de vino blanco, del monton (16 eruos).
En total nos salio la cena por 70 euros. Juzguen ustedes mismos.
El servicio muy poco profesional, desde que nos tomaron nota hasta que trajeron el vino pasaron 15 minutos, menos mal que teniamos vistas.
Vaya carnes
No he probado una hamburguesa más rica en mi vida (de buey picada a cuchillo) y un carpaccio de presa ibérica de 10.
Harchett, un sitio curioso en Madrid
Este extraño “negocio” ocupa el local en el que antes estaba Gut’s Fusión, sitio en el que a pesar de su infausto nombre se comía muy bien. Harchett (sic) tampoco ha conseguido acertar con la nomenclatura, y ahí se acaban las coincidencias. Se me ha ocurrido entrar a probarlo más que nada por curiosidad, porque realmente el sitio tiene la “decoración” más insólita que imaginarse pueda. El rojo furioso de la fachada se combina con unos vinilos extrañísimos que también acompañan en el interior, una cosa que verdaderamente merece ser vista y contada. Yo desde luego he corrido a hacerlo. Es un sitio absolutamente inclasificable, único de su especie, con una carta aún más rara (y cara) que la decoración, basada en raciones, hamburguesas, pizzas, platos tradicionales (creo haber leído que tienen ¡¡¡cocochas al pil pil!!!) y no sé cuantas cosas más. Un mix de producto demencial. ¿A quién se le puede haber ocurrido una cosa así? ¿Tal vez una conjunción (desafortunadísima) de coincidencias imposibles capaces de construir tamaño engendro? ¿Alguien con un sentido del humor perverso y desviado? Me encantaría saberlo.
He tomado una hamburguesa deplorable, pero me ha dado igual. Restaurantes birrias hay cientos, pero esto es otra cosa. Distinta liga. En cuanto al personal sólo puedo decir que es no desmerece, sino todo lo contario, al resto del paisaje. Lo dejo ahí. Ahora que pienso en ello, desde que mi retina ha captado el primer fogonazo rojo hasta que me he encontrado a un par de manzanas he experimentado un estado de shock muy raro. Ya sé que todo esto no tiene ningún sentido y que como descripción de un restaurante es una mierda, pero es que es un sitio raro, raro, raro. No sé, volveré a ver si consigo aclarar mis ideas, pero desde luego recomiendo encarecidamente que se vaya a conocerlo porque es una experiencia que sólo puede compararse con la ingesta masiva de psicotrópicos experimentales, y no creo que vaya a estar mucho tiempo abierto. Claro que a lo mejor han dado con la piedra filosofal. En estos tiempos, cualquier cosa es posible. Brutal. Im presionante.
Peggy Sue’s, vaya desastre
Que hamburguesas más regularcitas tomamos en este sitio…. Me habían dicho que no estaba mal pero fue un desastre de cena. Para empezar cuando llegamos nos dijeron que al ser turnos, solo teníamos una hora para cenar (turnos de una hora, increible). Si te retrasas ya te advierten de que postre es difícil que tomes y si alguien no ha llegado, ni te molestes en pedir….nunca he visto una cosa igual. Terminamos tomando los postres en un parque. No repito ni aunque me paguen