EL REINO DE LA TORTILLA

Con frecuencia nos olvidamos los críticos de los restaurantes de barrio, establecimientos asentados con el paso de los años, donde se come francamente bien. Entre ellos Sylkar, que es más un bar con comedor que un restaurante al uso y cuyo aspecto exterior no atrae a los no avisados. Más de treinta años abierto en Chamberí, con su barra abarrotada por un público que busca sus tapas caseras –también para llevárselas a casa- y sobre todo su tortilla de patata, una tortilla que ha triunfado en certámenes nacionales y ha sido reconocida por los más exigentes y sesudos críticos gastronómicos. Dorada, ligera, cuajada en su justo punto, cremosa. Los hermanos García la preparan de todas las formas posibles: sin cebolla, con cebolla, con bonito, con pisto, a la paisana…

Al comedor, en el primer piso, se accede por una escalera de madera. Es un espacio sin pretensiones, con mesas pequeñas, sillas de madera y servilletas de papel pero que hay que visitar para disfrutar con la tortilla y con el resto de platos del día –que se recitan de viva voz-, caseros y apetecibles: desde el potaje hasta la ensaladilla pasando por las verdura, las croquetas -de bonito o de Cabrales- o una ensalada de ventresca con piquillos. Platos sencillos y bien elaborados, con alguna que otra sofisticación como las croquetas de foie o el mismo foie fresco al Pedro Ximénez. Los segundos mantienen la misma línea, con una oferta variable en función del día que puede incluir un aceptable mero con pisto, unos gallos rebozados, un entrecotte de buena carne aunque escasa de cámara, un escalope, unos contundentes callos a la madrileña a los que falta un poco de gracia o un revuelto de setas y lacón ligeramente grasiento.
 

De los postres, la estrella son las torrijas, que junto a la tortilla de patata han dado renombre a esta casa. Torrijas sin caldo pero bien jugosas que merece la pena probar como remate de la comida o, al menos, pedirlas para llevar a casa.

La otra sorpresa de un lugar tan modesto es la carta de vinos, con caldos de mucha categoría, poco habituales incluso en lugares de más renombre. Vinos que además se decantan y se sirven en copas adecuadas. La única pega son los precios, muy altos.