Jonathan y David

La Tulipe Madrid, tendencias y tópicos

La Tulipe es un buen ejemplo de los vientos que soplan últimamente en el mundo (mundillo) de los restaurantes madrileños. Nada mejor para probarlo que acudir a las fuentes y ejercitarse en la exégesis (estamos leyendo mucho últimamente…) de la circular que con motivo de la apertura del restaurante han difundido desde el propio negocio: “Un bistró francés de cocina informal, en un ambiente sofisticado y agradable.” Bistró o bistrot es según Wikipedia (la RAE no dice nada) un pequeño establecimiento en Francia en el que se sirven vinos, quesos, café y otras bebidas, o bien un restaurante popular de precios económicos, así que este tipo de establecimientos acostumbran casi por definición a ser informales y muchas veces agradables, sobre todo al principio de su andadura. Lo que ya no es tan habitual es lo de la sofisticación, pero esa es precisamente la tendencia a la que queríamos referirnos al principio: barato, pero que no lo parezca y no hay  mejor manera de lograrlo que apelando a la Gran Cocina por excelencia, la francesa y a las decoraciones eclécticas (no, nosotros tampoco) que tanto gustan últimamente.

La Tulipe es un proyecto redondo con el que sus propietarios han afinado bien el tiro. La experiencia adquirida en Makkila, y sobre todo en Whitby algo debe tener que ver con semejante puntería. Se trata de un amplio local en la calle Serrano, sí, ése, el de la esquina con Diego de León, ocupado antes por otro francés que vino a menos, La Brasserie de Lista.  La zona es buenísima, convertida de un tiempo a esta parte en terreno conquistado para los asiduos a las terracitas (La Tulipe tiene una muy agradable, especialmente por las noches) en las que entre aperitivo y especialidad de las casas se puede enterar uno de como va una prima de riesgo cualquiera, cuándo está previsto el próximo bail out (lagarto, lagarto) o de lo mal vistas que están las contrapartes españolas en cuanto tomas distancia.

En cuanto a la cocina de La Tulipe, es responsabilidad de Ms. Goimbault, un cocinero francés jovencito al que supervisa el “Chef Ejecutivo” (no confundir con chief executive officer) del pujante Grupo de Restaurantes  David Tuñón, al que conocemos de su etapa en Boloco y que, por lo sereno que se le aprecia en la imagen aportada, parece que anda mucho más relajado que en el pasado. ¿Que cómo se apaña el joven Goimbault?. Bastante bien, la verdad. La carta de La Tulipe no es que sea un prodigio de creatividad y riesgo, pero tampoco es eso lo que demanda el público al que está dirigido en restaurante. Las crêpes están francamente buenas (al menos las que hemos probado), muy agradable la vichyssoise y los oeuf bénédicte y sabroso el solomillo con bearnesa. Nos hemos resistido a probar la raya a la mantequilla negra para no profanar el recuerdo de la que se servía en la Gastroteca de Stephane y Arturo de la que tan buenos recuerdos guardamos (jóvenes, éramos tan jóvenes) pero a lo mejor en una próxima visita nos libramos de la melancolía y encontramos sustituto para un recuerdo que a lo mejor ya es momento de sustituir.

En resumen, una buena noticia la apertura de La Tulipe, un restaurante agradable y una propuesta sensata al que se puede acudir prácticamente a cualquier hora del día, pues como establece la tendencia y demandan los tiempos, cuenta con un horario extendido que abarca desde el momento del desayuno hasta el de la última copa o cóctel, pasando, claro, por el inevitable brunch de los domingos. No nos resistimos: bon appétit.

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