AMBIENTE DE LUJO

Ramses, en la Puerta de Alcalá, es un espacio rompedor que muy bien podríamos encontrar en Londres o en Nueva York. Todo con la firma del francés Philippe Starck, uno de los grandes y más cotizados diseñadores de nuestro tiempo. Cuatro espacios espectaculares: una barra donde tomar cócteles y champanes; un comedor informal de cocina mediterránea donde no se reserva, con horario ininterrumpido de 8 de la mañana hasta las 3 de la madrugada (aunque la cocina se cierra a las 23,30); una sala en el sótano para fiestas privadas; y un restaurante de alta cocina, llamado el Bistró, en un espacio barroco, atractivo y moderno.

La del Bistró es una cocina de mercado con raíz madrileña. Ahí encajan un agradable carpaccio de besugo recubierto de ajo y perejil con aceite caliente, versión actualizada del besugo a la madrileña; la sopa de ajo de Chinchón con gachas y huevo, con sabores caseros; o las gambas al ajillo puestas al día, que prepara en una especie de papillote eliminando la parte grasienta. Fallan las guarniciones. Ni el guacamole absurdo que llega con las gambas, ni una crema ácida que estropea una buena lubina sobre berenjenas, ayudan nada. Si están buenos el cordero lechal a baja temperatura con pisto, al que le falta una piel más crujiente, y, en la inspiración madrileña, el bombón de rabo de toro estofado al vino tinto.

Los postres son más flojos. Agradable sin más un buñuelo de yuzu (cítrico japonés) con chocolate; basto un ravioli de mango y coco, y duro el membrillo macerado en vino tinto con puré de castaña, complicada mezcla otoñal. Carta de vinos bien seleccionada pero con precios que hay que revisar. Y estupendo el equipo de sala, formado por gente joven con ganas de agradar y muy pendientes de los detalles.