POPULAR Y MODERNO

Desde su apertura, Las Tortillas de Gabino ha sido todo un éxito, como atestiguan los llenos diarios que registra el establecimiento. La fórmula del éxito popular parece sencilla: una casa de comidas de aspecto muy moderno, informal en sus planteamientos, donde se come bastante bien (sobre todo con sabores caseros) a precios más que razonables. Dividida en dos comedores, el gran problema es el ruido. Cuando el local está lleno, que suele ser casi siempre, el ambiente llega a ser ensordecedor. Y los llenos provocan también algunas insuficiencias de servicio.En cuanto a la carta, la fórmula es tan sencilla como el planteamiento general. Un interesante apartado de entradas, adecuadas para compartir, cuatro o cinco platos principales y un apartado destacado que es el de las tortillas, que dan nombre a la casa. Tortillas de patata que se sirven enteras en platos especiales y que van desde la más tradicional y recomendable de todas, llamada velazqueña, que es como se conocían las que servían en el primitivo La Ancha de la calle Velázquez (los responsables del establecimiento son hijos y sobrinos de los propietarios de La Ancha) hasta la de patatas con pulpo a la gallega que está francamente buena. Más regulares son la de patatas chips con salmorejo y la guisada con callos, mientras que la de lascas de bacalao, la negra (recubierta de tinta de calamares) y una de patatas a la riojana son muy interesantes.En las entradas predominan los sabores de siempre. Sobre todo en las excelentes y suaves croquetas de jamón ibérico, de las mejores que se pueden tomar en Madrid; en la ensalada de tomate kumato con cebolleta, o en unas albóndigas de ternera como las de toda la vida. Ya en los platos principales, una de las mejores opciones es el escalope San Gabino, que por su calidad y su tamaño recuerda a los que se han hecho célebres en La Ancha. Pero si optan por el taco de atún a la plancha, vuelta y vuelta, no quedarán defraudados.

Los postres están muy cuidados. Mantienen el aire casero aunque con algo más de sofisticación. Lo mejor, el pastel caliente de zanahoria y el flan de queso brie. Más regulares el helado de yogur con higos y el goloso de chocolate. La lista de vinos es breve, pero está seleccionada con muy buen criterio.