EL MUNDO DE LAS FABAS

Ya ha cumplido 25 años este restaurante de cocina asturiana que abrió el mismo día en que se producía el golpe de estado de Tejero. Una fecha histórica que tal vez le dio suerte a Paco Rodríguez, su propietario. Algo de suerte y un mucho de trabajo y de busca de la calidad están detrás de estos cinco lustros de vida. Una de las claves del éxito es, sin duda, el haberse mantenido ajeno a modas temporales, con una cocina tradicional asturiana sólida y consistente, bien elaborada. Cocina auténtica, sin trampa ni cartón, basada en guisos tradicionales, raciones abundantes y materias primas de máxima calidad.
 

El restaurante cuenta con dos comedores en los que predomina la madera, con motivos taurinos y trofeos de caza. En la sala un servicio abundante y atento (confianzudo incluso), bien dirigido por el propietario y su familia, pendientes de todos los detalles. En cuanto a la carta, no hay sorpresas. Algunas buenas entradas, adecuadas para compartir, como el pulpo a la gallega, las almejas a la marinera, el revuelto de oricios o las excelentes croquetas caseras, suelen dar paso a una enorme sopera en la que llega alguno de los platos de cuchara que son el emblema de la casa. Por ejemplo las delicadas verdinas con langosta, o unas fabas con calamares de sabor excelente, o la contundente pero impecable fabada, o el más modesto pero no menos recomendable pote asturiano que incorpora berza o nabiza. El secreto, además de la buena mano del cocinero, está en la calidad de las fabas, tiernas y mantecosas.
 La oferta no acaba ahí. El surtido de pescados es siempre atractivo, y va desde una merluza en diversas preparaciones hasta una corvina al horno. Sólo hay que tener cuidado con los puntos de cocción, que suelen ser algo más largos de lo deseable, y advertirlo previamente. Carnes rojas de mucha calidad con una pega importante: la utilización de platos refractarios, práctica que no nos cansamos de criticar por lo que tiene de incómoda para los comensales (salpicaduras, humos) y para la propia carne, que se recuece y se pasa de punto. Otra opción son los callos de la casa, realmente buenos.
 

El capítulo de postres se concentra sobre todo en el tradicional arroz con leche a la asturiana y en los frixuelos (crepes) rellenos de manzana. La carta de vinos muestra algunas limitaciones en cuanto a los orígenes.