PARA CARNÍVOROS

Miguel Ansorena es uno de los nombres clave para entender el éxito de los asadores supuestamente vascos en Madrid. De su mano se consolidaron varios establecimientos como el asador Frontón, una de las referencias fundamentales de los carnívoros capitalinos.

En los últimos tiempos dedica su saber y buen hacer a una marca, Imanol, que cuenta con dos establecimientos en otros tantos centros comerciales de la periferia madrileña: Heron City y Diversia. El tercero, mucho más céntrico, en General Díaz Porlier, casi en Diego de León. Se trata de un amplio comedor, dividido en varios salones, con una decoración anticuada, propia de los años setenta, en la que predomina la madera.

La fórmula de este asador es muy simple. Chistorra –de calidad- en el aperitivo y luego un capítulo de entradas muy tradicionales que incluyen desde un buen jamón ibérico hasta unas anchoas a la bermeana –algo grasientas- pasando por los inevitables cogollos de Tudela, las anchoas en salazón o unas verduras a la plancha, todo ello en raciones abundantes. En temporada, pueden probarse también los espárragos de Lodosa, que son muy buenos pero llegan a la mesa cocidos sin sal y recubiertos de una vinagreta con picada que anula su sabor. Del resto de opciones, interesante la ensalada de judías verdes y buen foie fresco a la plancha.

El reclamo principal de la casa son las carnes a la parrilla de carbón. Carnes que son de primera calidad, tiernas y sabrosas, que se sirven sin una sola guarnición para respetar su excelente sabor. Por ejemplo el solomillo, que es de primera, aunque no de buey como dice la carta sino de vacuno mayor. El capítulo de carnes se cierra con un buen rabo de toro. El otro gran apartado son los pescados, entre los que destaca el rape, bien hecho a la parrilla, sin olvidarnos de otras piezas de calidad como el besugo o la merluza. De esta última, excelentes las cocochas rebozadas.

Postres muy simples entre los que destaca la enorme porción de panchineta casera, francamente buena. Del resto, convencional el sorbete de limón al cava.

Lo que no está a la altura es la carta de vinos, limitada a una escueta relación de riojas y riberas.