ENTRE EL SUSHI Y LA PLANCHA

Pedro Espina es uno de los primeros españoles, si no es el primero, que se iniciaron en el difícil arte del sushi japonés. Tras un periodo de aprendizaje junto a grandes maestros nipones, Pedro fue también el primero en instalarse por su cuenta. Ahora ejerce en Hanami, a espaldas del Auditorio Nacional, en el que la principal novedad son las mesas “teppanyakis”, que es como se conocen las planchas en las que los japoneses elaboran carnes, pescados y mariscos.

Decorado con detallista minimalismo oriental, el eje central de la oferta son las tres planchas teppanyaki situadas al fondo del comedor principal en las que los cocineros preparan con habilidad los distintos productos sin apenas grasa por lo que resultan platos bastante dietéticos. Sobre todo en el caso de pescados y mariscos, un surtido de los cuales constituye una de las ofertas más interesantes de la carta: vieiras, langostinos, salmón y dorada con un punto correcto y una indudable calidad.

Pero aunque las planchas constituyan la propuesta principal de la carta, los sushis y sashimis tienen una destacada presencia. Sushis muy correctos, que se dejan comer. Por ejemplo el makisushi (envuelto en arroz y algas) de ventresca de atún, conocida como toro. Y por ejemplo también las versiones modernas en las que se ha especializado Espina, como los “crunchy rolls” rebozados en tempura que resultan crujientes en la boca. Todo dentro de ese estilo de fusión que tanto éxito tiene en Madrid. La oferta de la carta se completa con algunas otras especialidades entre las que destacan las empanadillas gyoza, una variante japonesa de los célebres dim-sum chinos, que se sirven con una salsa de mostaza.

Como siempre en este tipo de restaurantes, los postres carecen de interés. En cuanto a la lista de vinos, aunque contiene algunas cosas de interés, es breve y sin mayores pretensiones, algo lógico si se tiene en cuenta la dificultad de encontrar vinos adecuados para una cocina tan peculiar y especiada.

El servicio de sala, rápido pero algo despistado, se sale de lo habitual en estos casos y ofrece una peculiar mezcla multirracial de españoles, asiáticos e iberoamericanos.