VUELVE EL PRODUCTO

María Pita, establecimiento de cocina gallega abierto  al final de la calle Orense, ofrece una breve carta que se basa casi por completo en la calidad de unas materias primas que sus propietarios traen a diario, expresamente para ellos, desde las costas de su tierra. Producto de calidad, expuesto a los vaivenes del mercado por lo que no siempre hay de todo. Restaurante pequeño, con una barra en la entrada y el comedor en el sótano, decorado con guiños marineros.

El primer apartado es el del marisco, género de calidad cuyo precio no figura en la carta, aunque se da verbalmente, y que lógicamente tiende a disparar la factura. Pueden ser unas quisquillas, pero también cigalas, centollos o percebes con buena presencia, incluso unas prohibitivas angulas. Como alternativa al apartado marisquero, algunas entradas interesantes como un correcto pulpo a la gallega, una delicada empanada casera, unas croquetas también caseras o un salpicón de bogavante muy bueno pero también prohibitivo. Aunque hay algunas carnes, a esta casa se viene a tomar pescado. Piezas grandes de pescados de aguas abiertas (lubina, rodaballo, mero, rape…) aunque en alguna ocasión se trata de productos de piscifactoria, como ocurre con unos leguados de ración, cosa que la propietaria advierte al entregar la carta para evitar confusiones. Todos se preparan a la plancha o a la gallega. En ambos casos la pieza llega jugosa a la mesa, en su punto, contra la tendencia habitual de los restaurantes gallegos de pasar bastante el pescado. Si además se opta por la preparación a la gallega, la ajada está muy bien lograda, suave y sin grasa.
Postres también caseros, con mención especial para las filloas, muy finas, por encima de las que se suelen encontrar en Madrid. Se pueden tomar con nata, con crema o con miel.

La lista de vinos tampoco es larga, con una buena representación de rías baixas, ribeiros y valdeorras, y tintos escasos pero bien seleccionados. Si a eso le añadimos un servicio muy amable y bastante eficaz nos encontramos con un sitio muy interesante. Aunque eso sí, la calidad se paga.