Taberna Arzábal en Menéndez Pelayo

El Misterio de Taberna Arzábal

En la larguísima crisis que soportamos (¿seguimos en crisis o “esto” es la normalidad a la que nos tenemos que acostumbrar?) las empresas del sector hostelero (o “gastrosector”, vayan acostumbrándose) se agrupan en dos grandes categorías: las que pierden y las que ganan. Ejemplos en el primer grupo hay para dar y tomar, siendo el segundo, desgraciadamente, mucho menos numeroso. Taberna Arzábal es el más notorio caso de éxito entre los establecimientos que triunfan en esta situación por la que nos toca transitar. ¿Por qué?. Fácil: por algún misterioso motivo la gente cuando sale de Arzábal lo hace con la ilusión de que ha hecho un buen negocio: la idea que predomina entre la numerosa clientela de Taberna Arzábal es que aquí se consigue lo máximo a lo que puede aspirarse por el precio pagado. La consecuencia es que la cosa marcha como un tiro y no resulta sencillo conseguir mesa de un día para otro.

En Arzábal se come bastante bien, e incluso, si tienes algo de suerte y la cocina no está saturada, la experiencia puede ser notable: nada extraordinario más allá de buen producto y preparaciones sencillas presentes a lo largo de una carta inteligentemente planteada, pero sí oficio y sensatez en la elaboración con algunas especialidades que destacan por su sabrosura o delicadeza, como las imprescindibles croquetas de jamón o de boletus y las deliciosas patatas a la importancia con colas de cigala. Los precios pueden parecer contenidos, especialmente si se atiende a las medias raciones disponibles en casi todos los platos (un sagaz acierto), pero Arzábal no es un sitio precisamente barato. El “contenido” (por ser caritativos) tamaño de las raciones (las medias son directamente minúsculas) y la tentadora carta de vinos (caros) complican la tarea de bajar de los 45 Euros por barba, precio nada escandaloso hace apenas un par de años pero que en la actualidad se antoja bastante subido de tono, especialmente si sales con una discreta pero inequívoca sensación de ligereza en el estómago.

Considerando que las instalaciones no son nada del otro jueves, con mesas incómodas y demasiado próximas unas a otras, surge la cuestión de cómo se consigue sugestionar a la clientela en el sentido a que nos referíamos anteriormente. Después de darle algunas vueltas al enigma hemos llegado a la conclusión que mucho tiene que ver en ello la amable y jovial personalidad de los dos profesionales que dirigen el cotarro: Ivan Morales y Álvaro Castellanos. Siempre al pie del cañón, estos clones (son clavaditos en su aspecto, maneras y estilo) transmiten una confortable sensación de profesional cercanía que también se percibe en el resto del personal. Ambos son muy simpáticos y unos artistas a la hora de tratar a los clientes, a los que se atiende con una distante camaradería que obra el milagro de hacerles sentir cómodos y considerados. Es difícil de explicar, y si visitan Arzábal probablemente entiendan mejor lo que tan torpemente tratamos de transmitir, pero en definitiva, lo que distingue a este negocio de otros buenos restaurantes o tabernas ilustradas es su excelente servicio, o la interpretación moderna que se hace en Arzábal de lo que antaño se entendía por tal.

Terminando ya y a modo de conclusión, Arzábal es un exitoso y moderno negocio adaptado a los nuevos tiempos que merece la pena frecuentar (nosotros lo hacemos) y al que sólo cabe achacar ciertos altibajos de sus elaboraciones y un precio demasiado elevado si se analiza objetivamente, pero claro, eso no es posible….

TABERNA ARZÁBAL

Restaurante | €€€€€€
2 opiniones
Avda. Menéndez Pelayo, 13 Madrid
+34 914 09 56 61
Cocina: De mercado

3 comments on “El Misterio de Taberna Arzábal

  1. ARZÁBAL. Fatal, 100 euros de aire para dos personas. Casi dos horas para comer mal, y peor atendidos. Jamás entenderé cómo existe quien premia esto, tal vez nunca han comido bien con un precio equilibrado. Ni simpatía ni humanidad, ni humildad, nada, 21 euros de ortiguillas quemadas y frías, 2 de pan, 19 de un arroz al señoret que debería apelarse arroz al racanet, una lámina de arroz, 100 gramos con 15 de algo indescifrable. Y, una hamburguesa de pularda seca, fría y un flan que ni en el rancho de la mili, más un sorbete de agua, perdón de limón. No sé a quién atendían las camareras corriendo como pollos sin cabeza, pero a mí no, desde luego.
    No existe en el planeta una ciudad con más lugares para comer que Madrid, vi en la tele este lugar, no me fiare más. Conozco infinidad de lugares fantásticos.

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