La Gabinoteca, taberna moderna

Según fuentes generalmente bien informadas, en el último año se han producido bastantes más cierres de restaurantes y similares que aperturas. Siendo algo más precisos, esas mismas fuentes estiman la proporción entre decesos y nacimientos  alrededor de cuatro a uno, y ese ratio espeluznante no va a mejorar precisamente en los próximos meses. No se trata aquí de hacer un estudio sobre los motivos de tanto “cese de operaciones”, el que más y el que menos puede apañarse una teoría si piensa sobre ello, pero del apabullante éxito que está viviendo la Gabinoteca desde su apertura en la pasada Primavera, en lo más crudo del crudo Invierno, se pueden extraer algunas conclusiones. La primera y más evidente es, a nuestro juicio, el triunfo de la profesionalidad (unido al conocimiento del mercado en el que opera) de la propiedad.  Desde luego a la familia Redruello tablas no le faltan. La tercera generación ha culminado con éxito el proceso sucesorio, y gobierna con mano firme los otros negocios familiares: después de demostrar pericia y sensibilidad en Las Tortillas de Gabino (uno de los restaurantes en los que últimamente resultaba más difícil obtener una reserva en Madrid), Santi, Nino y Ekaitz asumieron la gestión total de La Ancha (Zorrilla y Príncipe de Vergara) restaurantes tradicionales en los que nunca se ha comido tan bien (y mira que se comía bien). Aparentemente algo de tiempo debía sobrarles, el necesario para pergeñar esta Gabinoteca en boca de todos y que ya, transcurridos apenas unos meses de rodaje, funciona como un reloj suizo.

La Gabinoteca es en esencia una taberna, una tasca establecida en un local fenomenal por tamaño, localización  y decoración pero que no oculta su verdadera naturaleza. Ha dejado de ser novedad hablar de bistronomics o bistronomía (¿bistromanía?) para referirse a cocina de calidad low cost, algo que sólo puede conseguirse, sí, lo adivinaron, reduciendo costes. Una forma de hacerlo, entre otras, es menguar el tamaño de los platos, servir tapas grandes. Rodeos para llegar al mismo sitio. Al final, si se fijan, se trata de evitar a toda costa la fatídica palabra “restaurante” que en estos tiempos se traduce en “precio elevado que no quiero o puedo pagar por salir a almorzar o cenar”.

Si echan un ojo a la carta de La Gabinoteca verán que se estructura en tres grupos diferenciados en los que sólo un plato supera los ocho Euros, todos ellos sencillos y apetecibles y perfectamente combinables entre sí, resultando muy fácil personalizar el menú según el hambre o apetito que se lleve. Curiosamente casi ninguno resulta adecuado para compartir, nada de “unas entradas al centro para picar” (el gramaje explícito del plato de chacinas es toda una declaración de intenciones). Una amplia oferta de vinos por copas cierra el círculo virtuoso. Un modelo de negocio adecuadísimo al momento, vamos, que ni hecho a propósito. Si el correcto diseño del modelo se complementa con una buena ejecución, éxito seguro. Porque por encima de todas las consideraciones, en la Gabinoteca se come tan bien, a su manera, como en el resto de los negocios de la familia Redruello: buen producto, correcta ejecución, precios moderados. Parece fácil, ¿verdad?.

LA GABINOTECA

Restaurante, Taberna | €€€€€€
1 opinión
Calle Fernández de la Hoz, 53 Madrid
+34 913 99 15 00
Cocina: De mercado

2 comments on “La Gabinoteca, taberna moderna

  1. Todo eso que comentáis está muy bien y es cierto que en la Gabinoteca se come bastante bien a precios sensatos. Yo he ido un par de veces o tres y siempre estaba lleno y he salido satisfecho, pero anoche fue un verdadero desastre por culpa de los problemas de climatización que tiene el local. No he pasado tanto calor en mi vida, un espanto. En la parte de arriba el ambiente era irrespirable, con un único y cutre ventilador por el que varias mesas se peleaban para que lo apuntaran hacia ellos, una cosa increíble y divertida si se cuenta pero que no hace ni p. gracia si te toca sufrirla. Deberían advertir que la zona superior no tiene refrigeración para que al menos te prepares a sudar la gota gorda. Desde luego en verano no se puede ir.

  2. Nos dejamos llevar por un colega al que le gustan este tipo de sitios… y pagamos la novatada. Todo bastante bueno, pero demasiado fashion y demasiado caro. Timbres electronicos para el camarero, jueguecito para elegir el vino en funcion de tu personalidad, el postre que te montas tu y luego subes la foto a la web… pero los platos enanos -dicen que para que pruebes todo sin saciarte- y a un precio desorbitado.

    Tras esperar casi una hora para la mesa y sin pasarnos con el vino ni pedir copas salimos a 35€… y con hambre. Por ese precio hay cientos de sitios en Madrid tanto o mas originales donde ademas se come mucho y bien, y para el tapeo -que en el fondo es lo que se sirve aqui-, en cualquier bar de la cava baja se hace mejor y mas barato.

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