La Muñoca en Juan Ramón Jiménez

Muñoca, neotasca liviana

Hace algo más de dos años Javier Muñoz Calero se dio a conocer con su restaurante Tartán (un restaurante llamado…) que desde el primer momento ha gozado del favor del público (sobre todo de la facción más dinámica y mejor vestida)  si bien la crítica se ha mostrado algo más fría. No importa, la apabullante presencia en medios, una decoración con el tirón de los cuadritos y su cocina asequible y facilona han mantenido a Tartán entre los restaurantes destacados de Madrid. La fórmula funciona así que el joven Muñoz Calero vuelve a la carga con la Neotaberna Muñoca, la misma propuesta  y casi los mismos cuadros, aunque esta vez decoran  Chamartín.

La Muñoca, como se la conoce en lo circuitos que saben de esto, se encuentra en la calle Juan Ramón Jiménez, justo enfrente de los Rubaiyat, en un local que sería difícil de localizar si no fuera por el enorme monolito coronado que da noticia de que ya has llegado. Una entrada angosta da paso al local en un entresuelo con luz natural, pero no mucha. Se nota que es un negocio que funciona mejor por las noches. La decoración es sencilla y bonita, en tonos azulados (¿azul roto?) combinando con blanco (¿blanco sucio?) y el tono natural de la madera sin tratar del suelo. Resultón y agradable. Lo que llama la atención es la extraordinaria cantidad de mesas que se han conseguido encajonar sin que se produzca sensación de agobio, claro que puede responder al hecho de que cuando lo visitamos, a mediodía, Muñoca tenía bastante menos que media entrada. Aquello lleno de clientes debe ser un espectáculo digno de verse.

En cuanto a la oferta gastronómica, nada del otro jueves. Si bien es cierto que sobre el papel la carta resulta prometedora, cuando pasas de las musas al teatro puede ocurrir que el tránsito resulte decepcionante. Decimos que puede ocurrir porque a nosotros nos pasó, claro que siempre te queda la duda de si el chasco es culpa tuya, que no sabes elegir.  O bien sea demérito de quien confecciona la carta y ejecuta las especialidades, que a lo mejor debiera darle una pensada adicional al asunto, o tal vez ser más exigente en la elección del producto que se sirve en el restaurante.  Con estas cosas nunca se sabe. Nosotros fuimos a picar y vaya si picamos: en la ensaladilla Tartán es difícil distinguir de qué está hecha y la presencia de mayonesa es excesiva. Fue una mala elección, como también lo fue la coca crujiente de cecina, con la coca terriblemente crujiente (estilo guirlache) y la chacina insulsa y un poco demasiado seca. Tampoco fue un acierto los taquitos de merluza alabardada, en los que el pescado no aportaba sabor, aunque es cierto que el rebozado es bastante bueno. Los ricitos de calamar no son aconsejables y como en el caso anterior lo mejor que se puede decir de ellos es que la fritura es correcta, resultando el acidísimo gelée de cítricos la mayor aportación de sabor al plato. Para rematar, una tarta de zanahoria enterrada en  láminas de almendra, simplemente correcta. Otra opción disponible era el menú diario, compuesto por un plato de ensalada procedente de la barra que se monta a mediodía, un plato de la carta y un postre, café y una bebida incluida por unos razonables 21 Euros. Como se trataba de conocer los platos, no fue nuestra elección, y nos pesa….¡Agua otra vez!

En cuanto al servicio, voluntarioso y con ganas de agradar, pero no puede evitar dar cierta sensación de pasar por allí a la espera de algo distinto. Vocación no hay, eso seguro.  En fin, Muñoca es un negocio bien orientado para bandearse en la situación actual, con una cocina discreta que aparenta más de lo que es y un ambiente muy madrileño, con todo lo que eso implica. Aunque el conjunto no pasa de aprobado y cabría reprochar cierta pretenciosidad, es verdad que por el nivel de precio en el que se mueve tampoco cabe exigir mucho más. Se puede ir, pero sin mucho entusiasmo.

MUÑOCA

Restaurante, Taberna | €€€€€€€
Calle Juan Ramón Jiménez, 22 Madrid
+34 913 59 14 40
Cocina: De mercadoCreativaInternacional

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