Recomendable Wagaboo

La cadena de restaurantes Wagaboo cosecha desde su “inicio de operaciones” resultados brillantes por su excelente RCP y lo acertada de su estrategia y posicionamiento.  Son el fruto de una concienzuda y profesional planificación por parte de los hermanos Domínguez (Grupo Jonsen) promotores de otra cadena, The Wok, que fue vendida en su día al Grupo Vip´s, con el resultado que su menguante clientela ya conoce.  Aunque los términos del acuerdo de venta no son públicos, sí trascendió que fueron incluidas determinadas claúsulas de “no competencia” durante un periodo de dos años (rumores, rumores) tiempo que fue aprovechado por los vendedores para trabajar su siguiente proyecto, éste que nos ocupa, y con el que, casualidades de la vida, están haciendo un daño inmenso a los establecimientos de The Wok, casi todos ellos muy próximos a los Wagaboo. Casualidades.

Este post hace referencia a un establecimiento concreto, al de la Calle Gravina de Madrid, al que hemos acudido en un par de ocasiones acompañados de nuestras familias. Como cuestión previa hay que decir que se trata de un restaurante muy adecuado para acudir con niños, que son amablemente recibidos y a los que se dispensa un trato afable y simpático por parte del jovencísimo personal (algo que no es tan frecuente como pudiera pensarse). La composición de la carta, que incluye platos “asequibles” a los gustos de los clientes más jóvenes, incentiva a los padres a volver acompañados por sus retoños, ya que un almuerzo o cena sin quejas ni platos espurgados son un bien escaso y apreciadísimo por los amantes del sosiego y la compostura.

La decoración del restaurante corre a cargo del estudio de Ignacio García de Vinuesa, y es, como no podía ser de otra forma, igual que el resto de los proyectos realizados por este arquitecto: moderno, funcional y sin estridencias, no queda en el recuerdo, pero no molesta. Si hay algún pero, tal vez haya que señalar la excesiva proximidad entre sí de algunas mesas, pero nada grave si estás avisado de la naturaleza del restaurante que visitas. A favor tiene el gran ventanal que proporciona una tranquilizadora vista a la impoluta cocina en la que evolucionan los cocineros asiáticos de Wagaboo.

Uno de los puntos fuertes del negocio es la carta que presenta, ecléctica con preminencia de los platos de incluencia panasiática y con guiños a la cocina italiana (pastas y alguna pizza), alemana (un más que aceptable fricadelle) e incluso ¡andaluza!. En resumen, nada que sorprenda, pero sí buen(os) rollito(s), diversas combinaciones de tallarines caseros y en general, platos agradables a buen precio, ya que resulta posible comer de manera satisfactoria por aproximadamente 20 Euros.

Y hemos dejamos para el final lo mejor de Wagaboo Gravina: su personal, que proporciona un excelente servicio, informal y próximo, rápido y profesional, pendiente (en la medida que es posible) de los detalles y de hacer agradable la visita al restaurante. Gente joven de las más diversas procedencias pero bien coordinadas por una amable maitre que, no hay duda, ha conseguido construir un buen equipo de profesionales aparentemente satisfechos con su trabajo. Y aunque probablemente cometamos una injusticia con el resto, nos gustaría saludar desde aquí a Raúl Alegre, según su propia definición “camarero y pensador”, un tipo estupendo que contribuye con su diligencia a la buena marcha de un buen negocio. Que dure así mucho tiempo, la situación no está para dormirse en los laureles.

WOGABOO

Negocio Cerrado

Calle Gravina, 18 Madrid
Cocina: Internacional