Siempre Laredo

Hace unos días hicimos una visita al renacido Laredo, coincidiendo con el primer año cumplido desde su traslado a la nueva ubicación en la calle Doctor Castelo (antes ocupaba un local bastante peor en la vecina calle de Menorca).  Con la mudanza ha perdido el nombre (ya no es Taberna), y manteniendo el apellido ha ganado metros en cantidades industriales.  En el nuevo local, espacioso y funcional, se otorga mucha más importancia al comedor, casi testimonial antes, aunque la barra mantiene un protagonismo que encumbró a Laredo al olimpo gastronómico de Madrid.

El culpable del interiorismo es el inefable y ubícuo Joaquín Torres  del Estudio A-Cero, quien, o bien está enamorado de la cocina y los vinos de Laredo (nada sorprendente), o está cobrando en especie el proyecto realizado para el nuevo local. En un par de visitas anteriores a la barra ya habíamos coincidido, y en la ocasión que nos ocupa se encontraba en la mesa de al lado, acompañado por dos caballeros más que mostraban una entusiasta pericia pelando gambas y bebiendo los excelentes vinos con los que cuenta Laredo, asesorados en todo momento por Miguel Angel, el simpático propietario del negocio.

Como decíamos, el comedor ha ganado protagonismo por tamaño y configuración, con muchisimas mesas habitualmente ocupadas (la reserva en Laredo es tarea complicada) y una pared completa destinada a almacenar la que debe ser una de las tres mejores bodegas (de restaurante) en Madrid. A pesar de que la luz llega desde un ventanal con “vistas” a patio interior, se trata de un espacio un tanto lóbrego en el que siquiera las cajas de madera suspendidas del techo consiguen alterar la seriedad del resultado. Si la intención era no distraer la atención a lo verdaderamente importante, lo que está en el plato, puede hablarse de éxito completo.  La otra pata del negocio, la barra, mitiga bastante el tono serio gracias a cientos de botellas con sus coloridas etiquetas y los expositores que realzan la tremenda calidad de los productos con los que Laredo apabulla.

Y es que al final lo que verdaderamente importa es eso: lo bien que se come en Laredo. Cocina casera tradicional basada en los mejores productos, así, sin matices. Conservas supremas, verduras seleccionadísimas, pescados y carnes elegidos por los mejores proveedores de Madrid, y todo ello en preparaciones sencillas pero muy logradas. Las raciones son abundantísimas, casi pantagruélicas, y claro, te las tienes que comer enteritas por que nunca sabes cuándo volverás a tener semejantes tesoros en el plato. La tempura de colas de cigala y cebolla es soberbia. Los chipirones a la plancha están de muerte. El salmorejo es imprescindible. Platos de cuchara, carnes a la parrilla, guisos o cualquier pescado. Da igual lo que elijas de la carta o donde te lo tomes, en el comedor o en la barra, siempre aciertas.  A cambio, estacazo, ese es el trato. A Laredo se va a comer bien, cómodo si has sido previsor (muy) y dispones de reserva, siempre a disfrutar y asumiendo que puede resultar caro o carísimo si eliges vinos fuera del común. Todo muy razonable.

 

LAREDO

Restaurante, Taberna | €€€€€€€
Calle Doctor Castelo, 30 Madrid
+34 915 73 30 61
Cocina: De mercadoTradicional

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