EL BACALAO PORTUGUÉS

Tras el éxito conseguido en “Don Sol”, una pequeña casa de comidas dedicada por entero al bacalao a la portuguesa, el matrimonio formado por José Luis Joao Alves y María Graça da Eira dio un paso adelante con la apertura de este local, cuyo moderno e impersonal aspecto exterior nada tiene que ver con el interior, decorado al estilo tradicional portugués: paredes de madera, murales de azulejos y artesonados de los que penden lámparas de araña.

Ambiente agradable que se refuerza con la presencia permanente del propietario, todo amabilidad y atenciones. Su esposa atiende la cocina y es la responsable de una breve carta en la que los bacalaos son protagonistas absolutos. Para descubrirlos, nada mejor que el menú degustación, con siete variedades distintas, que se sirve por encargo y para un mínimo de cuatro personas.

Si se opta por la carta, se puede empezar por un sabroso “caldo verde”, muy similar al caldo gallego-. Los fines de semana –y algún que otro día entre semana, pregunte por si acaso- la cocinera prepara una clásica “feijoada” que resulta verdaderamente espléndida. Se trata de un plato tradicional portugués a base de alubias pintas con arroz y carne que vale la pena probar. De plato principal, además de tres o cuatro carnes que casi nadie pide, llega el bacalao a la portuguesa, nada menos que en dieciséis preparaciones diferentes: desde escabechado o en ensalada hasta la caldeirada. Los mejores son el dorado –revuelto con patatas paja- y el elaborado a la brasa. Este último sólo se hace los fines de semana o por encargo. También está bueno el bacalao a la nata, aunque con un exceso de pimienta. En todos los casos se emplean bacalaos curados al estilo español, o lo que es lo mismo, menos curados que los portugueses.

Hay que tener cuidado con lo que se pide porque las raciones son abundantísimas y además algunas preparaciones resultan bastante pesadas como el bacalao a la transmontana –rebozado, con bechamel y gratinado al horno- o el hojaldre de bacalao con salsa de pimientos.

Postres correctos, entre los que destacan las tartas de queso y de cuajada con frambuesa. La filloa casera flameada con orujo no está mal pero resulta demasiado grande.

La carta de vinos, muy breve, resulta interesante en su apartado de tintos portugueses y, sobre todo, en la variedad de oportos que permiten poner un broche adecuado.