RECUPERAR LA TRADICIÓN

Restaurante Cerrado 2009

EL GORRO BLANCO

Calle San Bernardo, 97
28015 Madrid

Entre tanta modernidad mal entendida, un restaurante dedicado a recuperar la cocina tradicional siempre resulta satisfactorio. Eduardo Martín, profesional de la restauración bien conocido desde hace años en Madrid está al frente de este atractivo establecimiento, con el espíritu de una casa de comidas y ambiente moderno y desenfadado.

En la entrada, una tienda de productos seleccionados y una larga barra donde picar algo o comer de manera informal. Al fondo, un comedor amplio y agradable, decorado con sencillez. El espíritu de la casa ya viene marcado por su propio nombre.

El Gorro Blanco fue una revista de gastronomía editada en las primeras décadas del siglo pasado. Ahora da nombre a este restaurante cuyo lema es claro: sabor de siempre. Todo en raciones abundantes pero elaborado al gusto de hoy, con poca grasa. Ahí están los platos del día que se ofrecen a la hora del almuerzo (tres primeros, tres segundos y tres postres) y que permiten comer por menos de 20 €.

Y ahí está la carta, encabezada por un largo apartado de chacinas, quesos, salazones y ahumados para compartir una entrada informal, desde buen jamón de bellota hasta mojama de atún o cecina de León. Siempre productos de calidad, porque la materia prima se cuida mucho en esta casa. Hay también unas cuantas ensaladas, entre las que decepciona una de habitas con langostinos, combinación poco acertada y que llega además pasada de vinagre. Por el contrario, un plato más moderno, la tempura de verduras con salsa romesco, está a gran altura, lo mismo que una clásica combinación, huevos fritos con patatas y jamón de bellota, estupendos.

Como platos fuertes, los bacalaos y las carnes a la parrilla son las principales opciones. De los primeros, el bacalao dourado está bien, y las tajadas en tempura muestran un rebozado fino y ligero. De las carnes, excelente de punto la presa de cerdo ibérico, y bueno el lomo fileteado. No se pierdan los guisos caseros, especialmente los callos y las manitas de cordero.

De los postres destacan los de chocolate: magnífico fondant con helado de mantecado y peculiar tiramisú en texturas. Por el contrario, decepciona la sopa de piña con fresas, insípida.

Carta de vinos, no muy larga y variada, con precios que invitan a beber. Varios de ellos se ofrecen por copas.