FÓRMULA DE EXITO

Cuando la cocina oriental se ha instalado en Madrid de manera definitiva no parece fácil encontrar nuevos huecos entre la nutrida oferta disponible. Por eso tiene mérito este restaurante de especialidades asiáticas. Mérito porque en vez de un enorme local con lujosa decoración temática llena de detalles se trata de un pequeño y modesto establecimiento sin otro elemento decorativo que unos sencillos azulejos blancos en una de las paredes. Minimalismo absoluto en un lugar incómodo y ruidoso, con mesitas apiñadas –apenas siete-, una barra en el centro, y una minúscula cocina a la vista de todos.

Y mérito porque detrás de Sudestada no hay, como suele ser habitual, un próspero empresario chino. Todo lo contrario, el propietario, Estanis Carenzo, es un argentino que ha triunfado en Buenos Aires y ha decidido traer la fórmula a Madrid.Fórmula que está dando buenos resultados, con una brevísima carta de apenas cuatro entradas, seis platos principales y tres postres.

Pero son platos sorprendentes, en los que se ha respetado la autenticidad de los sabores orientales, sin concesiones occidentalizadas. Recetas tailandesas, camboyanas, malayas, vietnamitas o indonesias llenas de matices, complejas, en la que aparecen con fuerza las hierbas y las especias: cilantro, jengibre, galanga, hierba-limón, ajo, chiles… Todas se utilizan con profusión, sin esos melindres de tantos otros restaurantes donde sólo piensan en adaptar los sabores “al gusto español”. Y todas arropando siempre productos de muy buena calidad.
 

El menú degustación permite descubrir esta cocina. Los nem-tom, rollos vietnamitas que se envuelven en hojas de lechuga con menta, perfectamente fritos, no tienen parangón en Madrid. Ni los rollos de verduras con tofú que vienen después. Aún mejores los dim sum al estilo de Singapur (empanadillas cocidas rellenas de cerdo), con una salsa muy ligera. Una delicadeza alejada de esos pastosos y prefabricados que abundan en los restaurantes chinos. El arroz con cerdo y gambas, francamente bueno, da paso a otro plato espectacular, un curry (se advierte que es picante) de carrilleras de cerdo que supone una explosión de sabores.
 

Dada la carencia de postres orientales, los que aquí se sirven son occidentales, aunque se busca darles un toque asiático. Refrescante y ligero el plato de frutas, y recomendable el flan de coco. Aunque esta cocina tan especiada pide la compañía de una buena cerveza, la lista de vinos, tan breve como la carta, está bien seleccionada.