UN PASO MÁS

Ya desde su primer local en Alejandro González, muy cerca de la plaza de toros de Las Ventas, Casa Jorge se constituyó como una de las principales referencias de cocina catalana en la capital. Y resulta curioso, porque sus propietarios, Jorge Molina y sus hermanos, no tienen ninguna vinculación con esa región española. Por eso el nombre de Casa Jorge y no el más esperable en lengua vernácula de “Ca Jordi”.

Hace años Casa Jorge se amplió con un nuevo establecimiento, más moderno y acogedor, en la calle Cartagena. Y tras traspasar el local de Las Ventas abrieron una nueva casa en las mismas puertas del Auditorio Nacional, con un comedor amplio y luminoso, dividido en dos plantas y decorado con sencillez.

Por lo demás, no hay apenas cambios en la línea de cocina tradicional catalana de esta casa, basada en la calidad de la materia prima, salvo en el aumento de la oferta de platos fuera de carta en función del mercado de cada día. Las entradas son tan clásicas como recomendables: escalivada de verduras, esqueixada de bacalao, espinacas a la catalana, pan con tomate y anchoas de la Escala y los caracoles a la llauna preparados sobre brasas. Muy finos los buñuelos de bacalao y algo reblandecidos aunque jugosos unos fritos del mismo pescado. Fuera de carta resultan originales los clásicos huevos estrellados en los que el jamón se sustituye por butifarra así como la ventresca gratinada con salsa romesco, simplemente correcto un foie casero con tostadas de pan industrial, y espléndido un guiso de verdinas con carabineros. Para los arroceros hay siempre varios arroces con muy buen punto y entre los que destaca el de conejo y caracoles.

Como platos fuertes, siempre hay buenas carnes, como el entrecotte a la brasa, aunque llega algo frío a la mesa, y la butifarra con mongetes, que es de calidad aunque se sirve demasiado hecha y salada. Lo mejor son los bacalaos, como el confitado con pimientos que está excelente, y el que lleva el nombre de la casa, gratinado con un ligero alioli sobre una base de patatas.

El cocinero es un buen repostero y lo demuestra con un postre de manzana caramelizada, con la tarta de queso o con unos ligeros y refrescantes fresones en almíbar. La carta de vinos no está mal pero faltan aún bastantes referencias.