UNA FÓRMULA DE ÉXITO

Dentro de la maraña de establecimientos especializados en arroces hay que ir con cuidado para distinguir el grano –nunca mejor dicho- de la paja pues se trata de un fenómeno sólo equiparable al de los cocederos de marisco: lo que menos importa es la calidad. Abunda más la paja, pero de vez en cuando a la lista de sitios con interés se une alguno que merece la pena.

Es el caso de Aynaelda, arrocería de nombre complicado, casi tanto como su ubicación en la zona moderna del barrio de Aluche, en la que preparan recomendables arroces. Se trata de un enorme local, con una gran barra en la entrada y un comedor de grandes proporciones decorado en estilo mediterráneo aunque con algunos detalles un tanto cursis, como esas paredes pintadas con vistas de una albufera valenciana.
Lo fundamental de la carta son, además de los arroces, las entradas, que ayudan a entretener la espera. Entradas que sorprenden por la abundancia de las raciones y por su calidad. Sobre todo cuando se piden las cosas más sencillas y se evitan otras como los champiñones rellenos de gulas. Así, resulta excelente una simple ensalada de pimientos bien asados con una ventresca fresca de temporada, lo mismo que los buñuelos de bacalao o que unas croquetas caseras de jamón bien fritas y cremosas aunque demasiado grandes. Vienen luego los arroces, secos, melosos y caldosos. Arroces que están buenos, como el tradicional con costra, que lleva productos del cerdo y va gratinado con huevo, o el meloso de alcachofas y almejas.

El único peligro está en la precipitación, que debería ser incompatible con una arrocería. El que entiende de arroces sabe que hay que esperar a que se haga y no es de recibo que llegue a la mesa sin estar hecho. El grano no tiene tiempo de absorber el caldo y por tanto carece de sabor. Probablemente un fallo de coordinación entre cocina y sala que no empaña el buen tono general de esta casa.

Los postres no son nada especial. Agradable sopa de frutos del bosque, aunque demasiado concentrada, casi un jarabe, y decepcionante una tarta fina de manzana con helado de canela que llega recalentada y acompañada con un innecesario chocolate. Buena carta de vinos, bien pensada para los arroces, con el detalle además de recomendar en la carta, debajo de cada arroz, el vino más adecuado.