Taco de bonito en Viavélez Madrid

Arte en un taco de bonito

Esta será la primera vez que en esta humilde web dedicamos un post a un plato concreto, pero es que la impresión que nos llevamos el otro día en Viavélez fue demasiado fuerte como para pensar en otra cosa que no sea aquel taco de bonito, ése cuya imagen encabeza esta entrada. Coincidía que estábamos cerca y era la hora de comer, así que nos dirigimos a Viavélez, uno de nuestros lugares favoritos de Madrid. Siempre se come bien, pero esta ocasión resultó especial, fue un jueves, y probamos el bonito que más nos ha gustado hasta el momento, sin duda.

El almuerzo empezó bien, como siempre por otra parte, con un extraordinario gazpacho, sin guarnición y delicioso. La cosa se puso interesante con unos magníficos boquerones rebozados, gordos, sabrosos y con el rebozado más ligero que pueda imaginarse. Muy buenos. Y entonces sucedió. Apareció el taco de bonito sobre un gazpacho ligero de jalapeño y tomate verde. Ligeramente tostado por la plancha, lo cubría una leve capa de cebollino y chalota. A la vista resulta espectacular, pero ni de lejos esa apariencia hace honor a las sensaciones que llegan cuando lo pruebas. Ligeramente tostado por fuera, ligeramente crudo en el interior, el peculiar sabor del bonito combina de cine con el leve dulzor de la chalota y la frescura del gazpacho. Así contado puede que no resulte impresionante, pero si lo pruebas, ay amigo, si lo pruebas. Como diría el hombre de Estremera, para comerse un volquete entero.

Aún aturdidos por tamaña barbaridad, no supimos decir que no a los postres, un sorbete de naranja sanguina regio y una mousse helada de chocolate con chocolate. No hubiéramos podido terminar mejor, pero la impresión causada por ese taco de bonito aún perdura en el momento de escribir estas líneas, así que nos permitimos un consejo para finalizar: si se presenta la ocasión, aunque sea traída por los pelos, no dejen pasar la temporada de bonito sin avanzar sobre Viavélez a probar esa monstruosidad. Si sucede y lo consiguen, no repriman el impulso de venir a contárnoslo.

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