Restaurante Creme Delacreme en Madrid

Creme delacreme, personal e intransferible

Creme delacreme es un pequeño y delicioso restaurante junto a la Plaza de las Salesas que conocimos hace un par de semanas, por pura casualidad, y que ya hemos colocado en el top 5 de nuestras lista “lástima no haberlo conocido antes”. Bendita casualidad: disponiendo de reserva en un restaurante cercano que acaba de abrir hace poco, nada más sentarnos ya estábamos mirando cuando salir de allí. Era, es, uno de estos nuevos restaurantes “pintones” con vocación descarada de convertirse en sitio de moda, de los que rápidamente percibes que falta lo esencial en un negocio gastronómico, el alma. Y sobraba entonces, una noche de viernes, estruendo, la terrible combinación de conversaciones a gritos de las mesas cercanas,  alaridos de camareros mal organizados y la música, una pérfida selección de radio fórmula que amalgamaba con los otros elementos para crear un ambiente perfectamente desagradable. Ante nuestra ingenua solicitud de disminuir un poco el volumen (exclusivamente de la música, finesse ante todo), el maître o encargado esbozó una mueca de tristeza para decirnos que no podía hacerlo. Cielo abierto, ni una palabra más. Después de asegurarnos de que había una larga lista de espera y de que no causábamos menoscabo alguno, salimos de allí muy rápido y muy contentos, casi tanto como el grupo de sordos y sordas beneficiados por nuestra intolerancia acústica y nuestro fino olfato para detectar bluffs

¿Y ahora, qué?. Íbamos andando entre chanzas y reproches cuando Fortuna nos situó ante la puerta de Creme delacreme donde disfrutamos de una cena perfecta. El contraste con la confusión y mala sensación de la que acabábamos de escapar no puedo ser mayor: nos encontramos ante un delicioso comedor, elegante y discreto, en el que reinaba la más absoluta placidez. Tres o cuatro mesas ocupadas por parejas y una reunión de amigos, luz tenue, rincones apetecibles, objetos personales, conversaciones pausadas y privadas, en fin, un restaurante único y con personalidad. Nos recibió quien más tarde sabríamos que era Mónica, la propietaria de Creme delacreme que nos condujo hasta una mesa redonda de lo más agradable.

A partir de ese momento una auténtica fiesta, tranquila y pausada, pero fiesta. Bien asesorados sobre los platos de la carta y las sugerencias del día, todo lo que elegimos resultó delicioso, platos bien cocinados, con sentido y buen gusto. Desde la ensaladilla que se sirvió de aperitivo, el panaché de verduras o las croquetas, pasando por el steak tartar o un bacalao sublime todos los platos resultaron impecables, servidos en tiempo y forma, y desde luego en la más absoluta placidez. Mención aparte merece el poke de atún rojo y el arroz verde con tirabeques y langostinos, dos platos redondos y que sólo por ellos merece la pena volver a Creme delacreme. Hasta algo tan sencillo como es la inevitable tarta de zanahoria nos pareció sorprendente por su finura y sabor. Y todo a un precio razonable y sensato, justo, sin gangas ni sorpresas desagradables.

Durante la sobremesa, aparte de felicitarnos por nuestra suerte, especulábamos sobre cuales pueden ser las razones por las que un restaurante tan recomendable y eficaz como el que acabábamos de conocer tenía mesas libres un viernes por la noche, y sin embargo en nuestra primera elección, aquélla que se rebeló tan desacertada como incómoda, colgaba la misma noche el cartel de completo con lista de espera. No llegamos a nada concluyente, pero no perdemos la esperanza de averiguarlo algún día. Mientras eso ocurre, o no, sabemos que ahí está Creme delacreme.

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