La cocina de La Candela Restó Madrid

Al galope hacia La Candela Restó

Apenas queda una semana para que se desvele la composición de la Guía Michelin 2016 para España y Portugal, que será presentada el 25 de este mes en el Parador de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela, y como es habitual se multiplican las quinielas con apuestas sobre quien entra, sale, prospera o retrocede en una clasificación que, guste o no, determina el porvenir de los negocios destacados de una industria tan importante como es la hostelera. Esta introducción viene a cuento debido a una reciente visita a La Candela Restó de la que salimos absolutamente arrobados y convencidos de que sería un “olvido” imperdonable que este fenomenal restaurante que es La Candela no sea reconocido como uno de los mejores de Madrid por la venerada Michelin, tan inclinada por otra parte a olvidos realmente sangrantes. En cualquier caso es ya una decisión tomada por José Benito Lamas y sus alegres muchachos, dado que la edición 2016 hace tiempo que salió de la imprenta y aguarda al jueves para estar disponible en los comercios del ramo (en el website tardará aún un par de meses…).

Lo de la estrella Michelin obligada para La Candela no es que lo digamos nosotros porque tengamos una sensibilidad especial, ni mucho menos. Cualquiera que haya pasado por allí últimamente habrá disfrutado de una experiencia (aquí sí vale esa consideración) gastronómica extraordinaria: un pequeño local junto a la Plaza de Ramales con espacio para apenas 25 comensales, atendido por no menos de 16 profesionales que ni queriendo podrían ocultar su entusiasmo por el trabajo que llevan a cabo en cada servicio. Bordan todos los aspectos que hacen referencia a la atención de los clientes, desde la recepción hasta el momento en que abandonas este templo del buen comer. Entre esos dos momentos, atención esmerada y cocina absolutamente deliciosa y original. Desde los aperitivos al postre un maravilloso despliegue de platos que no vamos a describir en atención a la respetable audiencia y porque sería un ejercicio inútil, estas cosas hay que probarlas y no dejar que te las cuenten. Dado que empezamos a cenar tarde en nuestra visita, escogimos el menú de seis platos, que por 53 razonabilísimos Euros nos mantuvo en vilo y asombrados durante casi una hora y media. Se ofrecen dos menús más largos, por 67 y 79 Euros para 7 y 9 pases respectivamente, pero siendo de noche y tarde, fue unánimemente considerado como perfecto. Incluso uno de los asistentes a la cena, chef y propietario de uno de los mejores restaurantes vascos, decía sentir envidia (sana) por las capacidades de Samy Ali Rando, el artista capaz de concebir y ejecutar primorosamente la cocina exorbitante de La Candela Restó.

No sabemos si el próximo jueves estos fenómenos de la gastronomía se despertarán con su merecida estrella, pero por si las moscas quedan cuatro días para aprovecharse de la situación actual y disfrutar de una experiencia gastronómica total y completamente satisfactoria. Caiga o no el premio, nos jugamos el bigote a que quien no conozca Candela y siga este consejo nos lo agradecerá.

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